domingo, 7 de julio de 2013

Mi primer triatlon de "corta" distancia: Wild Wolf Polar Madrid


 Inscribirse a una prueba deportiva en la que tan sólo participan 30 mujeres, intimida un poquito más que las carreras populares en las que llevo participando 8 años.
Pero si te apuntas a un club de triatlón, y sigues una disciplina de entre 15-20 horas semanales de entrenamientos durante ya 9 meses, no es para ir a comprar el pan con la bici.
Alrededor del 1 de Febrero, llevada por el efecto grupo (mis compañer@s de club, que empezaron a inscribirse) y con el afán de subir en la distancia que hasta ahora había probado, me registré en el Wild Wolf Polar, modalidad short. Este "corto" en triatlón significa enfrentarse a las distancias de 950 m de natación, 40 km de bicicleta y 10km de carrera a pie. Una modalidad interesante (también por la hora de comienzo y recorrido en bici, me encantó dar la vuelta a la Casa de Campo por afuera) para una malísima nadadora como yo, puesto que rebaja en 550 m el tramo de natación de la modalidad olímpica.
Si bien opino que todas las distancias son respetables (desde un super-sprint a un ironman), y cada una tiene sus peculiaridades, para mí ya suponía este short un reto considerable.
El Cuerpo Técnico y junta directiva del club, propiciaron (cómo se lo curran!) que pasármos un magnífico fin de semana de compañerismo y triatlón intenso en la Casa de Campo: carpa a tutiplén montada como centro de operaciones ambos días en los que un elevado porcentaje de miembros del club participaban en diversas modalidades.
Domingo 30 de junio de 2013: tras una semana de llevar bastante a rajatabla el tapering (puesta a punto pre-competición), cuidando especialmente la hidratación desde los 3 ó 4 días anteriores (buenísima señal de ello es que el primer pipí de la mañana sea casi trasparente), me despierto con ese gusanito de inquietud en la tripa, antes de que sonara el despertador que estaba programado a las 6:15. Desayuno bien (pero sin pasarme) terminando esas 3 horas antes de la salida que sabiamente nos indica nuestro míster. Tengo preparados los "trastos" dentro del coche (este deporte, cómodo no es...), y llego a la Casa de Campo sobre las 7:45 (mi salida está programada a las 9:38). Voy encontrándome con algunos compañer@s, y veo cómo están ya saliendo muchos de los participantes en el Half, que empezaron a nadar a las 7:00 a.m. Sobrellevamos los nervios previos (siempre retumbando ese "Qué necesidad tengo yo..."), vamos pasando el material al box e intento mantener la cabeza organizada en un buen calentamiento y en controlar mi ansiedad frente al agua: después de participar hace 3 semanas en Ecotrimad, nadando en el embalse de Buitrago de Lozoya, con unas "divertidas" olitas provocadas por el viento (que dificultaban enormemente el poder respirar), una temperatura del agua 17º y exterior de 12º, hoy, el nada cristalino Lago de la Casa de Campo me ha de parecer una balsita.

Caliento trotando suave acompañada de Pepelu y  Belén Roa, mientras vamos viendo pasar (enchufadísimos) a algunos compis del Half, ya en su trayecto de bici (gritos de ánimo para ellos).
Van pasando los minutos, y quiero ir a meterme en el lago, cosa que me calma bastante los nervios, evitando que la primera sensación con el agua sea la de competición.
La temperatura está estupenda (25º), y mientras doy unas brazadas (me quedo lejos de hacer un buen calentamiento, me conformo con unos 200 m porque el tiempo apremia) pienso si me decidiré o no a tirarme de cabeza cuando den el bocinazo.
 Al salir del agua, nos retiramos del pantalán y nos mandan a la cámara de llamadas, esperando a que comiencen primero las salidas masculinas (hay 4 tandas). Anita (que durante las 2 últimas semanas ha sido mi fisio de puesta a punto -mil gracias!-, incluyendo lo que parece un aparatoso -pero efectivo- kinesio-taping de competición) se ha ofrecido a llevarme a pies en el segmento de natación. Me pesa en la conciencia, y creo que aún así no la podré seguir, y que es mejor que tire y no me lleve de rémora. Aparece María (con su siempre sonrisa) pocos minutos antes de que pasemos al pantalán, diciéndome que la tengo que ayudar en el agua (poca ayuda puedo ofrecer yo ahí...pero por moral que no quede).


 Tengo claro que voy a dejar que pasen el resto de las chicas delante cuando den la salida, y luego ya me tiro yo 1 ó 2 segundos después; no tengo ninguna opción de salir del agua en buena posición, y al menos evito los manotazos iniciales. Suena la bocina de salida, cuento 1 y Maria y yo nos tiramos en paralelo. A los 10 segundos ya hemos perdido a Anita; intento (y consigo) mantener una respiración suave e ir visualizando la primera boya (que está tumbada). Voy viendo cómo Maria va todo el rato acompañando, llevamos prácticamente el mismo ritmo (de calle 1) "pachanguero" y tranquila, que llevamos a la barca cerquita (ja ja). Se me hace complicado ir viendo en todo momento las boyas; en este agua, no se ve ni dónde entra lamano (aunque yo ya tengo grabado a fuego  -muchas veces de oírselo a mis entrenadores- que seguro que la mano izquierda se me queda muy corta, cerca de mi oreja). Hoy no es el día de mejorar la técnica; con aguantar la calma y salir del agua, será un paso más de confianza en el camino.
Antes de la 3ª boya, nos encontramos con algún gorro gris, de chico (lo cual, oye, pues anima pensando que mal de muchos....).  Luego JC me cuenta que han tenido que sacar a un chico en barca del agua, y a otro tambanleándose cual embriagado total.
Sigo con Maria a mi izquierda, llegaremos.  Al pasar por la última boya (quedarán unos 200-250m al pantalán) intento incrementar moderadamente el ritmo. María sale del agua ligeramente por delante de mí; me trabo un poco en la rampa de salida, pero ahora comienza el disfrute: a por la bici!
 


 Mientras recorro el largo pasillo de la primera transición, oigo ya los gritos de ánimos de los compis del club, y es increíble como suben el aliento. Voy programando en mi cerebro el orden en la transición: primero dejar gorro, tapones y gafas, luego poner el casco de bici y las gafas de sol; no me arriesgo ni un ápice a sufrir ampollas, así que secarse los pies con toallita, enfundar calcetines, y para más inri, colocarme las medias de compresión (siempre a juego!) que quizá parte de placebo, pienso me evitarán cargar gemelos y sóleo, especialmente en el trayecto corriendo.  Al mirar las clasificaciones comprobaré lo lentísima que soy en esta T1: más de 5 minutazos.
Sorprendentemente, esta vez no sufro ningún mareo tras el agua, y comienzo a pedalear con bastante ritmo. Empieza la primera subida a Rodajos. Voy pensando en no descuidar la hidratación (un bidón con agua con electrolitos, el otro con isotónico), y preparando el primer gel de energía, que termino poco antes de salir por la puerta hacia la Carretera de Húmera.
En lo alto de la cuesta antes de la primera curva a la derecha, veo una figura que está gritando a todo gritar ánimos, es Luis: el tío corre al lado de mi bici y me pica motivación diciendo que tengo delante a María (que no la veo ni de lejos). Sigo concentrada en pedalear todo lo bien que puedo, pero también en no petarme las piernas. Las manos se me han quedado pegajosas con el gel, horror, necesitaría agua (sólo agua) para intentar aliviarlas.
Una auténtica gozada pasar al lado de casa (por la rotonda del Zielo) y tener todo un carril de la Carretera de Castilla para nosotr@s. Chus y Alberto me han advertido antes de salir, que tengamos cuidado al volver a entrar en la Casa de Campo, que hay unos bolardos un poco traicioneros. Llego a este punto, pero los veo bien señalizados, y continúo camino a subir por primera vez Garabitas. Voy que si adelanto, que si me adelanta, otro triatleta, yo a lo mío. Prácticamente en la cima, antes de girar a la izquierda para bajar por el teleférico, encuentro a María en la cuneta, cambiando su rueda, y pendiente de darme ánimos, y para variar, sigue con su sonriiiiiiiiiiiiiisa incansable (es la pera!).


 Por suerte, hay avituallamiento, y me cojo una botellita de agua: fantástico, para despegarme un poco del manillar y también para beber algo sin sabor pero refrescante. Para abajo concentrada, a por la 2ª vuelta, me siento sin ninguna molestia en mi rodilla izquierda, la cosa tiene muy buena pinta. Veo a JC sacando fotos antes de llegar al giro del Lago (santo esposo, estará pasando poco fresco...). De nuevo, los gritos de ánimo de los compañeros: vamos Yolaaaaaaaaaaaaaaanda, subidón otra vez, energía instantánea para acometer de nuevo la subida a Rodajos.
Hasta los policías y guarda civil que hay guardando el recorrido animan (un@s más efusivamente que otr@s), pero a todos les devuelvo agradecimiento con una sonrisa y un gracias.
 Durante el 2º paso por la Carretera de Castilla, me acoplo lo más que me permite mi inexperiencia, y veo que voy pedaleando en torno a 45 kmh. Antes de la 2ª subida a Garabitas, me tomo una bombita de cafeína, como previsión de que no me pase factura el tramo de carrera a pie. Saco los pies de las zapatillas de bici, y me preparo para la 2ª transición: veamos cómo los últimos entrenamientos de esta transición han hecho efecto en esa sensación inconfundible de "patas de palo". Juum, la cosa pinta bien, en el primer kilómetro tengo mucho menos dormidos los dedos de los pies que en Ecotrimad. Aún hay sombra en el paseo de los plátanos. Escucho al cuerpo técnico (Marta y Andreu) animándome en las zancadas: vamos Yolandaaaaa, que se noteeeeeee (y claro que se nota! se notan el haber sufrido cada jueves en la pista de atletismo, y se nota esa hoja de entrenamientos que cada semana nos prepara Andreu, y que no consigo llegar a sus "máximos"). Realmente no sé cuánto efecto tiene la cafeína (no debería haberlo hecho, pero la pruebo hoy...), pero sí compruebo el efecto de por fín notar al míster orgulloso de mis zancadas. Voy adelantando unos cuantos puestos, y pasando algún que otro "muerto" (con todos mis respetos); chicos con calambres, que tienen que caminar, claro, puede ser que sean del half (la carrera doble de larga que la mía).
Los 10 km de carrera se reparten en 2 vueltas a un circuito de 2,5 km (la mitad sombra, la mitad sol) que primero sube, y luego baja. No me salto ningún avituallamiento, mitad de la botella va a la cabeza, hay que refrigerarse.
Un espectador en el camino nos dice: Anda, que hoy os estáis ganando bien la comida, ja ja.
Estoy flipando con las buenas sensaciones que tengo en las piernas (sólo noto muy ligeramente cargado el piramidal derecho); sigo cauta, sin estrujarme a tope, porque hoy, en este mi primer short, hay que llegar a meta. Las palabras del míster toda la semana han sido: Recordad, no es cuestión de distancia (todos estáis muy bien entrenados, y podéis con esta distancia y con mucho más de lo que pensáis), sino de ritmo.
En las 2 vueltas me encuentro varias veces con los compañer@s de rosa, y hay que sacar fuerzas para gritarles ánimos desde dentro de la mismísima carrera. Incluso hay que sacar fuerza para animar a las contrincantes de otros equipos a las que he adelantado: creo que tanta (o más) satisfacción da verles que me devuelven con una deportiva sonrisa de agradecimiento mis ánimos, como atravesar la meta.
Me había hecho idea (realmente no tenía ni idea cómo iba a responder mi cuerpo a este esfuerzo) de que mi tiempo sería entre 3h y 3h y cuarto. Estoy a menos de 1 km de meta, y el crono me dice que bajaré estrepitósamente de 2h 55min, sigo flipando! He guardado bien esa última bala del final, y desde los últimos 300m (a pleno solazo y rondando los 30ºC) comienzo a acelerar y alargar las zancadas, adelantando a Ro (le he conocido hoy en persona) y a Charlie, que se han marcado un durillo half.
Llega ese volátil pero intensísimo momento de atravesar la meta y JC está animando y haciendo la foto finish. La emoción es tal, que se me olvida detener el crono: compruebo luego en las clasificaciones que mi tiempo ha sido 2h 52min 36 segundos.

 La sensación es embriagadora, esto es una droga: me siento la pequeña-gran reina de mi mundo.
Abrazos de felicitación con los compañeros, la sonrisa no se me desvanece ni un segundo, refrigerios varios y vuelta a casa con un saco de endorfinas cargadas.
Me merezco un par de días de DESCANSO TOTAL y a seguir sufriendo-disfrutando de este deporte.

Total    Natac.  Bici     Carrera   T1       T2

Lo mejor de todo, que al día siguiente me encuentro como una rosa (los colores del club, que se pegan por todas partes) , ni una molestia. Eso significa que el entrenamiento está muy bien hecho. Corolarios, no son difíciles de extraer:
1. Tengo que seguir perseverando (a pesar de mi frustración y un poquito de desesperación con los moderados avances) en la natación.
2. El haber reducido muchos kilómetros de carrera, me ha sido muuuuy beneficioso.
3. La bicicleta, pone fuerte; pero el trabajo de fuerza continuado en el gimnasio todo el año, lo es todo.
4. Tengo 5 minutaaaaaaaaazos en la T1 para acortarlos drásticamente.
5. Hay que intentar un triatlón en mar esta temporada: inscrita estoy ya para el 29 Septiembre en Gavá (Barcelona).

Y no puedo terminar sin los agradecimientos de rigor:
- A mi santo esposo, que es un indemnizado del triatlón por mis horas de decicación (al menos no he perdido mi alianza en el Lago...). Cada paso de superación en mis miedos, es bueno para los 2.
- A mis compañer@s, un poquito más especialmente a l@s de la calle 1 de la pisci, seguiremos con nuestras piernas y brazos de hierro intentándolo. También al presi, Pepelu, que hemos coincidido muchos jueves al mismo ritmo dando vueltas cual ratones a la pista de atletismo; siempre dispuesto para acompañar y estar pendiente de los más novat@s en las salidas de bici del finde.
- Y qué duda cabe: a Marta y Andreu, que mantienen la paciencia (santa paciencia!) con tod@s nosotr@s.
P.D.: He llevado en mi cabeza durante cada brazada, pedalada y zancada a mis amigas (muy especialmente a Estefanía -tú sabes bien por qué-) que pese a que no participan de mi locura, intentan comprender en la distancia mi afición.



domingo, 24 de marzo de 2013

Recordando la Vig-Bay 2013


Esta mañana he vuelto a mi querida Casa de Campo, para disfrutar de un rodaje largo (15.5 km) en compañía de Susana y Tania. El ambiente emanaba unos irresistible olor y color a la preparación para las medias maratones y pre-Mapoma típicas de estas fechas primaverales. Cuando estábamos empezando a calentar (a eso de las 11:30) recordaba cómo hacía exactamente una semana (el pasado domingo 17 de Marzo) me encontraba ya pasado la mitad del recorrido de la Media Maratón Gran Bahía, o también conocida Vig-Bay (de Vigo a  Bayona), con su lema A toda Costa.

Repetí esta prueba, sin poder desaprovechar la estupendísima oportunidad que Macarena y Javier nos ofrecen de pasar un agradibilísimo fin de semana (este año con lunes incluído!) por Nigran, disfrutando de respirar el mar, los paisajes verdes y la estupenda oferta gastronómica.
Las consultas al tiempo durante la semana previa no auguraban buen pronóstico: probabilidades de lluvia del 90% para el sábado y de 60% para el domingo. El sábado lo pasamos gris, muy gris (lloviendo desde media tarde); cambiamos el plan original de hacer una excursión a las Islas Cíes (amablemente ofrecida por los organizadores de la carrera y cancelada debida a la previsión de mal tiempo) por pasar a Portugal, comer en el Parador de Valença do Miño, y subsiguiente visita de las féminas a las tiendas de ropa del hogar (los chicos, aprovechando para momento de lectura y tranquilidad). Yo, a cenar prontito, y a intentar descansar todo lo mejor que se pueda.

Contra el pronóstico, amanece un domingo radiante, fresquito, pero soleado, con ese cielo azul y calma que se queda tras la tormenta. Juan Carlos y Macarena me llevan a la salida, situada en la playa de Samil (Vigo). Por la carretera, vemos ya señalizados los kilómetros que tendré que recorrer en sentido inverso, y se ha producido alguna variación en el recorrido comparado con el año anterior. No sé cómo van a discurrir los últimos kilómetros, para que salgan los 21.
He quedado en encontrarme con ex-compañeros de RC (no me gusta sufrir en solitario...), pero no los encuentro, así que a calentar, que hace frío como para estar parad@. Me he decantado por vestir los manguitos del club de tri, que se pueden bajar fácilmente en caso de que empiece a tener calor. JC y Maca se marchan nada más comenzada la prueba hacia Bayona, para poder encontrar mejor opción de aparcamiento en la llegada. Yo me dirijo hacia la salida, mirando aquí y allá (a ver si veo algún conocid@) y pensando en livianizar los 21km que quedan por delante, en solitario con mi música, y rodeada de otros 4800 corredor@s. Voy a demostrar si se puede terminar dignamente una media maratón sin haber hecho (tan sólo 1, el domingo pasado, 14 km en compañía de súper Tania) rodajes largos esta temporada (esos con los que me lesionaba el año pasado), pero a base de muuuuucho entrenamiento cruzado para triatlón.

Alla vamooooooos! Salgo desde bastante alante (cuarta/quinta fila), a intentar no dejarme llevar por el ritmo de los pros, y con intención de seguir la programación (un pelín más exigente que la del año pasado, puesto que hay que intentar bajar el tiempo) de mi Garmin.
Sería muy aburrido relatar uno a uno los kilómetros: van sucediéndose afortunadamente sin incidencias; intento hacerme consciente del recorrido, disfrutar de la vista de la Costa, de las Cíes, en algunos tramos del olor a mar, en otros, del olor a eucaliptos. Mi temperatura corporal (si antes de empezar temblaba) ha ido aumentando rápidamente, y ahora casi me arrepiento de haberme puesto la camiseta corta térmica debajo del top de tri. Aguanto con los manguitos hasta el kilómetro 7, momento en el que los bajo y quedan a modo de muñequera (un buen invento descubierto este año).
Las sensaciones (en este caso por omisión de dolor) son mejor que el año pasado; ni la rodilla izquierda, ni el tibial dan señales de queja. Sigo exactamente la misma estrategia respecto al aporte de glucosa que el año pasado: en el km 12 me como un par de orejones.
Estoy deseando llegar al kilómetro 15 para la re-hidratación. Ando un poco desorientada con el recorrido, creo que no están haciendo dar alguna vuelta...
Mientras pasamos por Playa América, me adelanta un conocido de RC, Chema; le pido un poco de agua de una botella que va cargando. Amablemente accede. El km 14 es justo el "Angelito", restaurante de temporada, y aquí viene el cambio de recorrido: giro  a la derecha y nos hacen subir el Monte Lourido: sorpresa, sorpresa, yo que vengo a esta carrera por su perfil plano, y esto se pone a picar hacia arriba. Bueno, veámos qué tal ha funcionado el entrenamiento de fuerza (sentadillas hack, prensa, etc...). Tobogán arriba, tobogán abajo: ahora los ritmos se me van fuera de lo programado, y la cosa pintaba que podía bajar de 1h 47'.
El kilómetro 18 me supone en las medias maratones el punto de inflexión al sufrimiento total (no estoy diseñada para larga distancia). A partir de aquí, se me hace francamente complicado no doblegarme al pensamiento  de "no puedo más": intento enderezar a la mente y utilizo como mantra el título del último libro de Chema Martínez: No pienses, Corre! Continúo (cómo no...) controlando el reloj y echando las cuentas de rigor: aunque siga corriendo los 3 últimos km en torno a 5min/km, creo que llego por debajo de 1h 48' (mi marca del año pasado fue 1h 48' 42''): así que hay que seguir, sin prisa (por miedo a una pájara que me haga tener que parar del todo), pero sin pausa. La Bahía de Bayona es larguísima (ni se intuye la meta al final), y no hay mucho público animando, así que no hay mucho a lo que agarrarse salvo a un@ mism@. Por fin paso por el tan ansiado kilómetro 20, ahora ya no se puede desfallecer: Yolanda, sigue moviendo las piernas una detrás de la otra, una detrás de la otra... ¿por qué parecen mucho más de 1000m lo que falta?
Ansiosamente busco el arco de meta con la mirada, y ahí aparece cual espejismo; eso significa que quedan algo más de 200m. El amago de sprint final se queda esta vez en leve, no puedo incrementar la velocidad mucho más (debo ir sobre 4'30''/km). Busco con la mirada a ambos lados de las vallas que marcan la recta final a J.C. o Macarena; no hay suerte. Por fin entro en META, como ha acontecido toda la carrera, conmigo misma, momento de parar el reloj: 1h 47' 16'', nueva marca personal!
Puesto 2278 de la clasificación general (o sea, estoy en  la primera mitad de la tabla, jaja), y puesto 16 de mi categoría.
Contenta, aunque me hubiera gustado bajar un minutito más; si no hubieran sido esos traicioneros e inesperados toboganes... pero hay que quedarse con la satisfacción bien llenita. Demostrado que el entrenamiento cruzado funciona y que Run less, Run faster.
Los post carrera, también de lujo: recuperación en agua fría (muuuuuy fría) de las piernas, comida y paseíto por Panxon, y tarde de lectura. Lo mejor de todo, que aún tenemos toda la mañana del lunes para disfrutar del paisaje (rodaje de drenaje, para limpiar el ácido láctico) y vuelta a chapotear con los pies en el Atlántico. Mi recuperación muscular también funciona de maravilla (será en parte por la Glutamina?); sólo noto un pelín cargados los cuádriceps, y ligera pesadez en la rodila izquierda.



Para finalizar, dejo unas bonitas fotos de Praia América: qué magia tiene el mar y lo que cuesta volverse a Madrid!





domingo, 10 de marzo de 2013

Duatlón por equipos Leciñena: 2 Marzo 2013

 
 El ser humano es un ser social: la inmensa mayoría necesitamos sentirnos miembros de una familia, de un grupo de amigos, de un club, de algo en lo que colaboremos. Cuando escuché que estaban organizando en mi club el ir a un sitio llamado Leciñena para participar en un duatlón por equipos (lo cual significa modalidad contra reloj) el 2 de Marzo, pensé que no iría: primero porque la cita estaba en medio de 2 salidas a otros 2 eventos, y segundo porque siendo tan novata en esta disciplina, el equipo femenino no se resentería en absoluto sin mí.
A medida que iban transcuriendo las semanas, durante los entrenos, y durante los hilos de nuestro foro, fuí viviendo con envidia cómo se animaba el ambiente de cara al evento que iba a perderme. Así que rectificar es de sabios: me decidí a apuntarme, aunque mi esposo por motivos de trabajo no podría acompañarme. Conmigo seríamos 6 chicas en el equipo femenino (justo el máximo)

A las 8:30 de la mañana del sábado (mismo día de la prueba) esperaba mi compi Cristóbal (amablemente me ofreció sitio para viajar junto con él, su mujer y su preciosa niña de 5 años) en la calle, acompañada de mi maletita, mi mochila y mi bici. Viajar a un duatlón/triatlón es más engorroso aún que ir a esquiar. No es un deporte cómodo.
Se ha creado un grupo de whatsApp durante la semana para los temas logísticos. Durante el trayecto, compagino el leer por qué trayecto va cada miembro del club (algun@s llegaron el viernes por la noche) con el jugar a "Veo veo".
La hora de la prueba es bastante "intempestiva": mi equipo salimos a las 14:58. Me llevo un tupper de pasta a la "keka" (atún y tomate fresco) que me zampo a eso de las 12:00, para ir con la digestión bien hecha.
Cuando llegamos a Leciñena (sobre las 12:30), un grupo bastante numeroso de nuestro club ya están inspeccionando (recorriendo) el tramo de bici. Claro, para los más pros, lo de hacer 20 km se les queda muy fácil. Curiosamente, somos uno de los clubs que más participantes llevamos.

Sobre las 13:15 comienza la reunión técnica, donde explican todas las características de la prueba: recorrido, transiciones, y demás reglamento. A eso de las 14:00, las chicas empezamos a calentar, dirigidas por nuestra capitana (y entrenadora) Marta. Pasamos en grupo (en estas pruebas hay que hacerlo todo en equipo a la vez) por el control de material y dejamos colocadas las bicis, zapas, guantes, y demás accesorios que no llevaremos en el primer tramo de carrera a pie.
Somos el 8º equipo en salir: puesto que es una contrareloj, los equipos salen en orden inverso según el tiempo estimado que vayan a hacer, y espaciados entre sí en 1 min.


Nos sacan la foto de salida, estamos todas sonrientes y deseosas de pasarlo bien: nuestra estrategia es ir siempre juntas, arropando y motivando a nuestras compis que están menos entrenadas esta vez. Para el tramo en bici, Marta nos indica que iremos de a 2, Ana LSR y ella en cabeza  (son las que más currarán y se comerán abrirnos el túnel del viento), en 2ª fila Belén y Ana Manjón, y cerrando la cola iremos María y yo.
Ponemos los cronos a correr, y empezamos a mover las piernas por asfalto. Salimos del pueblo, de momento es cuesta abajo (todo lo que baja, tendremos luego que subirlo).
María va en cabeza, más feliz que una perdiz; le pedimos controlar la velocidad, para que podamos ir todas más cómodas; especialmente cuando su marido y nin@s la vitorean, momento en el que aprieta más el ritmo.

 Los 5 Km del primer tramo de carrera son 2 vueltas al mismo circuito: tenemos que volver al pueblo, dar un giro de 180º y vuelta al campito. Hay una fotógrafa (dice que no es de la prensa, jaja, sino del club triatlón cierzo) que nos ameniza un poco el camino.
Vamos muy pendientes en todo momento de Ana y Belén, que van aguantando bastante bien.
Acabamos con los 5 km, y toca transición: lo primero, ponerse el casco, cambiar de zapatillas, yo cojo chaleco para no pasar frío en el tronco, y me lío colocándome los guantes. Alla vamooooooos, a la carretera. Los 20km comienzan con un tramo del 10% de pendiente; pero es corto y se me hace bastante más liviano de lo que pensaba. Hacia el kilómetro 8 vemos que vamos a dar alcance a otro equipo de chicas; tiene una explicación sencilla, el equipo local, llevan bicis de montaña: pelín de desilusión, así no tiene mucha gracia alcanzarlas.

Llegamos al cono que marca los 10 km, hay que sacar el pie izquierdo de la cala, para hacer un giro de 180º controlado y despacito. Ahora la vuelta es cuesta abajo. Nos adelantan algunos equipos masculinos, y también las chicas de Triatlón Europa (Zaragoza), que van sólo 4.
Aún me sigue dando bastante miedo la velocidad en las bajadas en bici. En la reunión técnica nos advirtieron que no dejáramos de ir por el carril derecho (aunque tenemos la carretera totalmente cortada durante la prueba, una gozada!). Voy un poco tensa agarrando los frenos, y en este tramo de curvas y bajada me quedo la última del equipo. Veo que mi bici ha alcanzado 52km/h de máxima (así dicho no parece mucho). Esto está ya chupado, vemos que llegamos de nuevo a boxers, a por la última transición.
Bajar de las bicis, correr por el pasillo de compensación (acuérdate que NO te puedes desabrochar el casco hasta que no cuelgues la bici ... me voy repitiendo; ya tuve una amonestación -tarjeta amarilla- en triatlón de la mujer por ello).
Cambio otra vez de zapas y a sentir esas patitas de palo de vuelta a la carrera a pie. Me congratula apreciar que esta vez, la sensación de pesadez es bastante más ligera que en las primeras ocasiones. Nos quedan esos 2,5 km últimos:  Vamooooooooooooos chicaaaaaaaaas al poder, que ya lo tenemos! (me dicen que soy una gran animadora para estas cosas).
No teníamos dudas de que íbamos a poder llegar todas. El marido de María nos graba un pequeño vídeo en los 300m finales, donde nos agrupamos más si cabe las 6, nos cojemos todas de las manos, y entramos perfectamente en EQUIPO a la vez. Lástima no tenerla foto finish.
Detengo el crono en 1h 29' 02''.
Teniendo en cuenta que los equipos son de "elites", no hemos queda las últimas; pero ese resultado no es el que mejor sabor de boca nos deja, sino haberlo hecho TODAS JUNTAS, divirtiéndonos.
Aquí la reseña de la clasificación: puesto 5 de los 8 equipos femeninos:


Abrazos y besos finales, hidratación, algo de comer y a esperar a ver llegar a los chicos.
Lo mejor de estos eventos en los pueblos, es lo que se vuelca el pueblo entero en los post-carrera: nos preparan bebidas, frutas, dulces, y hasta una barbacoa hecha con el cariño de los más veteranos del lugar. Algunos compañer@s se vuelven para Madrid, otros nos volvemos al hotel a Zaragoza: cenita de tapas, y aprovechamos el domingo para hacer una salidita en bici de 50 km por los Monegros: qué gusto da ver amplitud de paisajes y pocos coches!
Resumen final: ¿cuándo nos apuntamos al próximo por equipos?





Cross Universitario Camilo José Cela: 9 Feb 2013


Llevaba tiempo con ganas de participar en un cross. A parte del cross Canguro (Casa de Campo), y de un maratón por equipos en Alcobendas hace unos 4 años (donde sufrí en un auténtico patatal de barro), no me he prodigado en esta disciplina.
La Universidad Camilo José Cela daba la oportunidad de apuntarse, sin ser universitari@, y lo mejor de todo, gratuítamente. Así que allí me fuí (sola, se me cayeron de la convocatoria un par de amigas), a Villafranca del Castillo en una mañana de sábado bastante fresquita (dejando aparcada la rutina habitual de los fines de semana en el gimnasio).

Yendo a recoger mi dorsal, encuentro a Carlos y Laura, los entrenadores del club de triatlón Europeo de Madrid, donde está Tania V. Me dirijo al coche a despojarme de la ropa, para realizar un buen calentamiento. Constato que hace baaaaastante frío. Esta vez he optado por manga corta y los nuevos manguitos de compresión, y zapatilla voladora adidas Adizero (son sólo 5 km, mis tibiales no deberían resentirse mucho). Tras el calentamiento (concienzudo), y mientras me dirijo a la línea de salida (donde seremos menos de una centena de mujeres, no estoy acostumbrada a tanta sensación de "soledad" en una carrera), una chiquilla me pregunta: ¿Y tú de qué universidad eres? No puedo evitar una amplia sonrisa y pensar: o esta chiquilla es un poco miope, o piensa que soy muy mala alumna repetidora, jaja. Ahí queda la anécdota no deportiva del día.
 
Por la tipología de las chicas que veo preparándose en la línea de salida (donde apenas ocupamos 3 ó 4 filas), pienso que ni de broma voy a poder seguir a ninguno de los grupos de cabeza. Otra cara conocida para dar la salida, uno de los que fue entrenador (el maño, le llaman, no lo puede negar por su acento) en los entrenos que Nike organizaba previos a las San Silvestres hace años: 5, 4, 3, 2, 1 AHI VAMOS.
Empezamos por tierra, y son 2 vueltas al mismo circuito (psicológicamente, lo de pasar varias veces por los mismos puntos no es ligero).
Constato cómo aquí hay mucho nivel, tiran las gacelas universitarias a un ritmo endemoniado. Escucho que la actual campeona del campeonato de Cross es una de ellas.
Me pego a "rueda" de una chiquilla, intentando no quedarme absolutamente sola durante todo el recorrido (se me hace mucho mas duro sufrir en solitario), y viendo que el grupo de aficionadas tipo lo que podría ser yo, se queda muy detrás. Pasamos por zonas de césped, curvitas bastante cerradas que dificultan el ir a ritmo (y ofrecen un reto para los tobillos), algún tobogán de bajada y luego subida, algo de asfalto, y alfombras azules que destacan que a veces hay que subir y bajar bordillos dentro del campus de la universidad. El ritmo en mi Garmin va marcando por debajo de 4'45'', aunque las pulsaciones más altas de 165.
Hay veces que me quedo dos pasos por detrás de mi perseguida universitaria, pero intento no descolgarme más de esa distancia. Aprecio que en los pequeños repechitos de subida la alcanzo de nuevo. Le digo, "Vamos, que vamos fenomenal y nos queda poco". Ella tiene algún conocido (novio?) que la anima en algunas partes del circuito. Pasamos por la línea de salida de nuevo, lo cual significa que quedan (unos 400m) 2 giros a la izquierda, un pequeño cruce por asfalto, y entrar en la hierba de la línea de meta. Es el momento de apretar las piernas y darlo todo: en cuanto veo el arco de meta, aprieto el sprint,  y supero a mi anónima acompañante (lo que mis compis de club dirían "le has quitado las pegatinas"), posiblemente unos 20 años más jóven. Eso sí, le felicito deportivamente a su llegada a meta.
He detenido el crono en 23' 28 '', lo cual está realmente genial. Mi mejor marca en 5K es 23' 20'', pero claro, en asfalto (Vitoria - Junio 2012).
Las endorfinas me acompañan durante el resto del día. Aprovecho el ratito de la mañana antes de volver a comer para empezar a conocer el (infinito) mundo de los suplementos alimenticios: Proteína Whey y Glutamina + aminoácidos BCCA.

domingo, 20 de enero de 2013

Semana de esquí en Baqueira.


Aún tengo recuerdos de las primeras veces que esquié: la primera, primerísima, estando en la universidad, hice peyas (probablemente fue una de las poquísimas veces, pero sí, las hice...) con un par de compañeros y subimos a Navacerrada. Ni forfait ni nada: subir un trocito de ladera y a deslizarse más mal que bien como se podía. También tengo especial recuerdo de un viaje que hice con 2 amigos (los Fernandos) a los Alpes franceses (Valthorens, en 3 Valles) estando aún de becaria: un poco "locura", puesto que yo sabía esquiar regular-poco, e intentar seguirles (eran un poco locatis) me ponía en dificultades.
En aquellos tiempos, una descubría músculos del cuerpo que no sabía ni que existían, por el dolor causado por una mala (malísima) técnica al esquiar.

Desde entonces, han mejorado muchas cosas: la compañía, los materiales, los textiles, las condiciones de las estaciones, la técnica (ahora pasando del carving tan de moda desde hace unos años, a un estilo casi de vuelta al alpino)... y la posibilidad de hacer espadas más largas y de calidad.
Sin embargo, mantengo diría prácticamente intacta la ilusión de aquellas primeras escapadas: cada Enero, el mejor aliciente para empezar el nuevo año es pensar en el gran disfrute que provoca la semanita de vacaciones invernal.

En esta ocasión no hemos tenido suerte con el tiempo: de 6 días de ski, sólo hemos visto el sol uno (el jueves), y el resto, venga a nevar y de nevar (no habíamos visto tal cantidad de nieve en Baqueira nunca, y llevamos creo unos 8 años repitiendo). Lo peor, cuando sube algo la temperatura y la nieve es húmeda y las pistas se ponen bastante impracticables. Pero bueno, el valle de Arán (incluso nublado, pero abarrotadísimo de nieve) es uno de los lugares que me aporta mayor paz y energía. Una semana entera dedicada a otro deporte, a desayunar y cenar de lujo, y sin obligaciones a parte de la de disfrutar... no se puede pedir más (bueno, sí, que hubiera hecho sol, pero nos habría dejado marcas a lo mapache...así que hay que ver el lado bueno).

Los extractos con los que me quedo de esta semana:

Reencontrarme con las clases de Juanma Paba (el monitor de la Escola de Baqueira, con el que repito por 4º año, todo un artista!).

Aquí queda testimonio gráfico de aventurarme por la nieve virgen: tengo que confesar que aún me queda mucho progreso por delante...

 Las siempre inigualables vistas de este Valle desde las pistas.
 



El familiar y acogedor hotel Montarto, especialmente disfrutar de su gastronomía  en el restaurante la Perdiu Blanca: desayuno buffet espectacular, y menús para una cena reconfortantemente deliciosa (con un servicio excelente).
  •  Las partidas de ping-pong (una es una profesional, y me llevo mis propias palas...) apres-ski con mi esposo.
  • El piano-bar post-cena, y la magia que tiene el escuchar el percutir de las teclas en directo, acompañados de un rico gin-tonic (G'Vine, los franceses haciendo gin tonic...), donde descubrimos al interesante pianista, un ingeniero de teleco (estamos en todas partes) que se ha doblegado a su lado creativo: músico y director de cine.

  • El extraordinario circuito Spa (me encanta el baño turco con aroma a eucalipto y cromoterapia) con el que han intentado renovar y poner el toque zen a la vieja construcción de los 70.
  • No todo es positivo, ni estando de vacaciones: el gran nevadón continuado de los primeros días, enterró nuestro coche bajo más de un metro de nieve. Después de una jornada (reducida) de ski, ponerse a cavar durante 3 horas para intentar moverlo, no es la mejor terapia de espalda. Pero de los errores es cuando más se aprende y de esta sacamos la lección aprendida: en función del parte meteorológico, gastarnos la pasta en el garaje.
  • Y esa inigualable sensación de deslizar (funciona especialmente bien el tarear internamente un vals para llevar el ritmo de baile) en la nieve. Ese pequeño punto moviéndose con nieve por la rodilla, soy yo: 

 Como siempre digo en la vuelta a casa, habrá que alimentar la rutina que comienza mañana con todos estos recuerdos y evocar las gratas sensaciones. Al fin y al cabo, la vuelta al trabajo es lo que nos permite estos deleites.
SED FELICES!