domingo, 24 de marzo de 2013

Recordando la Vig-Bay 2013


Esta mañana he vuelto a mi querida Casa de Campo, para disfrutar de un rodaje largo (15.5 km) en compañía de Susana y Tania. El ambiente emanaba unos irresistible olor y color a la preparación para las medias maratones y pre-Mapoma típicas de estas fechas primaverales. Cuando estábamos empezando a calentar (a eso de las 11:30) recordaba cómo hacía exactamente una semana (el pasado domingo 17 de Marzo) me encontraba ya pasado la mitad del recorrido de la Media Maratón Gran Bahía, o también conocida Vig-Bay (de Vigo a  Bayona), con su lema A toda Costa.

Repetí esta prueba, sin poder desaprovechar la estupendísima oportunidad que Macarena y Javier nos ofrecen de pasar un agradibilísimo fin de semana (este año con lunes incluído!) por Nigran, disfrutando de respirar el mar, los paisajes verdes y la estupenda oferta gastronómica.
Las consultas al tiempo durante la semana previa no auguraban buen pronóstico: probabilidades de lluvia del 90% para el sábado y de 60% para el domingo. El sábado lo pasamos gris, muy gris (lloviendo desde media tarde); cambiamos el plan original de hacer una excursión a las Islas Cíes (amablemente ofrecida por los organizadores de la carrera y cancelada debida a la previsión de mal tiempo) por pasar a Portugal, comer en el Parador de Valença do Miño, y subsiguiente visita de las féminas a las tiendas de ropa del hogar (los chicos, aprovechando para momento de lectura y tranquilidad). Yo, a cenar prontito, y a intentar descansar todo lo mejor que se pueda.

Contra el pronóstico, amanece un domingo radiante, fresquito, pero soleado, con ese cielo azul y calma que se queda tras la tormenta. Juan Carlos y Macarena me llevan a la salida, situada en la playa de Samil (Vigo). Por la carretera, vemos ya señalizados los kilómetros que tendré que recorrer en sentido inverso, y se ha producido alguna variación en el recorrido comparado con el año anterior. No sé cómo van a discurrir los últimos kilómetros, para que salgan los 21.
He quedado en encontrarme con ex-compañeros de RC (no me gusta sufrir en solitario...), pero no los encuentro, así que a calentar, que hace frío como para estar parad@. Me he decantado por vestir los manguitos del club de tri, que se pueden bajar fácilmente en caso de que empiece a tener calor. JC y Maca se marchan nada más comenzada la prueba hacia Bayona, para poder encontrar mejor opción de aparcamiento en la llegada. Yo me dirijo hacia la salida, mirando aquí y allá (a ver si veo algún conocid@) y pensando en livianizar los 21km que quedan por delante, en solitario con mi música, y rodeada de otros 4800 corredor@s. Voy a demostrar si se puede terminar dignamente una media maratón sin haber hecho (tan sólo 1, el domingo pasado, 14 km en compañía de súper Tania) rodajes largos esta temporada (esos con los que me lesionaba el año pasado), pero a base de muuuuucho entrenamiento cruzado para triatlón.

Alla vamooooooos! Salgo desde bastante alante (cuarta/quinta fila), a intentar no dejarme llevar por el ritmo de los pros, y con intención de seguir la programación (un pelín más exigente que la del año pasado, puesto que hay que intentar bajar el tiempo) de mi Garmin.
Sería muy aburrido relatar uno a uno los kilómetros: van sucediéndose afortunadamente sin incidencias; intento hacerme consciente del recorrido, disfrutar de la vista de la Costa, de las Cíes, en algunos tramos del olor a mar, en otros, del olor a eucaliptos. Mi temperatura corporal (si antes de empezar temblaba) ha ido aumentando rápidamente, y ahora casi me arrepiento de haberme puesto la camiseta corta térmica debajo del top de tri. Aguanto con los manguitos hasta el kilómetro 7, momento en el que los bajo y quedan a modo de muñequera (un buen invento descubierto este año).
Las sensaciones (en este caso por omisión de dolor) son mejor que el año pasado; ni la rodilla izquierda, ni el tibial dan señales de queja. Sigo exactamente la misma estrategia respecto al aporte de glucosa que el año pasado: en el km 12 me como un par de orejones.
Estoy deseando llegar al kilómetro 15 para la re-hidratación. Ando un poco desorientada con el recorrido, creo que no están haciendo dar alguna vuelta...
Mientras pasamos por Playa América, me adelanta un conocido de RC, Chema; le pido un poco de agua de una botella que va cargando. Amablemente accede. El km 14 es justo el "Angelito", restaurante de temporada, y aquí viene el cambio de recorrido: giro  a la derecha y nos hacen subir el Monte Lourido: sorpresa, sorpresa, yo que vengo a esta carrera por su perfil plano, y esto se pone a picar hacia arriba. Bueno, veámos qué tal ha funcionado el entrenamiento de fuerza (sentadillas hack, prensa, etc...). Tobogán arriba, tobogán abajo: ahora los ritmos se me van fuera de lo programado, y la cosa pintaba que podía bajar de 1h 47'.
El kilómetro 18 me supone en las medias maratones el punto de inflexión al sufrimiento total (no estoy diseñada para larga distancia). A partir de aquí, se me hace francamente complicado no doblegarme al pensamiento  de "no puedo más": intento enderezar a la mente y utilizo como mantra el título del último libro de Chema Martínez: No pienses, Corre! Continúo (cómo no...) controlando el reloj y echando las cuentas de rigor: aunque siga corriendo los 3 últimos km en torno a 5min/km, creo que llego por debajo de 1h 48' (mi marca del año pasado fue 1h 48' 42''): así que hay que seguir, sin prisa (por miedo a una pájara que me haga tener que parar del todo), pero sin pausa. La Bahía de Bayona es larguísima (ni se intuye la meta al final), y no hay mucho público animando, así que no hay mucho a lo que agarrarse salvo a un@ mism@. Por fin paso por el tan ansiado kilómetro 20, ahora ya no se puede desfallecer: Yolanda, sigue moviendo las piernas una detrás de la otra, una detrás de la otra... ¿por qué parecen mucho más de 1000m lo que falta?
Ansiosamente busco el arco de meta con la mirada, y ahí aparece cual espejismo; eso significa que quedan algo más de 200m. El amago de sprint final se queda esta vez en leve, no puedo incrementar la velocidad mucho más (debo ir sobre 4'30''/km). Busco con la mirada a ambos lados de las vallas que marcan la recta final a J.C. o Macarena; no hay suerte. Por fin entro en META, como ha acontecido toda la carrera, conmigo misma, momento de parar el reloj: 1h 47' 16'', nueva marca personal!
Puesto 2278 de la clasificación general (o sea, estoy en  la primera mitad de la tabla, jaja), y puesto 16 de mi categoría.
Contenta, aunque me hubiera gustado bajar un minutito más; si no hubieran sido esos traicioneros e inesperados toboganes... pero hay que quedarse con la satisfacción bien llenita. Demostrado que el entrenamiento cruzado funciona y que Run less, Run faster.
Los post carrera, también de lujo: recuperación en agua fría (muuuuuy fría) de las piernas, comida y paseíto por Panxon, y tarde de lectura. Lo mejor de todo, que aún tenemos toda la mañana del lunes para disfrutar del paisaje (rodaje de drenaje, para limpiar el ácido láctico) y vuelta a chapotear con los pies en el Atlántico. Mi recuperación muscular también funciona de maravilla (será en parte por la Glutamina?); sólo noto un pelín cargados los cuádriceps, y ligera pesadez en la rodila izquierda.



Para finalizar, dejo unas bonitas fotos de Praia América: qué magia tiene el mar y lo que cuesta volverse a Madrid!





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