lunes, 2 de julio de 2012

Travesía Valle de Iruelas, Pantano El Burguillo (Avila),

Animada por seguir venciendo mis limitaciones de nado en aguas abiertas, y dado que clubs de natación nos facilitan estos eventos, me inscribí en
una travesía en un pantano. Por mí misma, creo que no se me ocurriría nunca nadar en un pantano sóla, por respeto a no conocer el entorno, posibles corrientes, etc. Sin embargo, el que te organicen un recorrido supervisado, con tu seguro incluído por si surgiera cualquier eventualidad, la lancha de la guardia civil escoltando, canoas acompañando y ambulancias disponibles, pone la cosa más apetecible. Si además, hay una modalidad para niños y principiantes nadadores, de 800m, ahí que piqué.
Así que lejos de inscribirme en "la de verdad" (que medido con GPS salió de la friolera de 5600m), compartí honorabilidad con categorías infantiles y algún que otr@ iniciante en esto de las competiciones de nado amateur.
Podéis verme finalizando el recorrido y con una bonita píldora de humildad al ver como niños de menos de 8 años llegaban por delante. Mola!

La aventura estuvo acompañada de Macarena (quien inicialmente me había hablado de este evento), Andrea, Tania, y sus compañeras del club europeo de triatlón. Acaloradísimo domingo (llegamos a alcanzar 39º), en el que estuvo genial esta escapadita lejos del asfalto de Madrid.
Aunque la temperatura del agua (en torno a unos 24-25º) no lo requería, me hacía ilusión probar mi nuevo neopreno (uno sencillito para empezar, modelo Orca TRN) más allá de la piscina, y comprobar lo de la flotabilidad y eso de que se nada más rápido. Claro, que hay q pasar un ratito ajustándoselo lo suficientemente bien como para que no haga bolsas en la entrepierna. Como anécdota, que sepáis que para facilitar su puesta, se usa una bolsa de plástico en la extremidad que se introduce en este gomi-segunda-piel. También cumple otra función (que si bien no es su finalidad principal) y es para re-blanquecinas como yo, no quemarse en el agua.
A las 10:30 salían los alevines, y un minuto más tarde, los principiantes (en modalidad no competitiva). Arranco mi crono, y con la experiencia de los triatlones anteiores, intento buscar un sitio donde recibir las menos "galletas" posibles por parte de los nadadores de al lado. Sorprendentemente me encuentro muy tranquila, el neopreno me da mucha seguridad (y facilidad en mantenerme elevada en el agua) y encuentro bastante rápidamente un hueco para no molestar ni ser molestada, enfilando la 1ª boya, que hay que dejar a la derecha.
De la 2ª a la 3ª boya es aún más sencillo, puesto que los nadadores más rápidos se han espaciado hacia delante, y desde la 3ª boya hacia la salida, sólo hay que intentar mantener lo más posible la línea recta para desviarse (evitando nadad metros de más) lo menos posible. Mencionar que a pesar de tratarse de un pantano, siento que el agua está mucho más limpia que en la Casa de Campo. Se me está haciendo de lo más llevadero (incluso estoy disfrutando!), mucho más corto que la semana pasada los 750 m. Incremento un poquito el ritmo en los últimos metros, aplicando la técnica de ondulaciones/olas antes del agarre de  las manos (como si se quisiera esquivar unas obstáculos) que me enseñó mi amable socorrista-entrenador el verano pasado.
Unos amables señores nos indican cuidadín, cuidadín en la llegada, puesto que podemos rasparnos con la orilla.
Detengo el crono y me sorprendo leyendo 16 min 36' (en supuestamente 50 metros más, más de 2 minutos menos que en el Lago de la Casa de Campo); en efecto el neopreno te hace más rápid@.


El resto de la jornada resulta de lo más ameno: vamos saliendo y replegándonos con las conocidas, unas fotos por aquí, otras por allá; disfrutar del entorno, y en especial expresar admiración explícita (gritos y vítores de bravo valientes) en la llegada de l@s valientes  participantes en los 5000m, que como dije antes han salido 5600 efectivos.
Además, como siempre repito, la organización de eventos deportivos en pueblos fuera de Madrid, suele resultar de lo más agradeciedo: por 8 € de inscripción, a parte de la bolsa del nadador (licencia con seguro del día incluída) nos agasajan con sandía, melón, bebidas isotónicas y agua a la llegada; posteriormente hay paella para tod@s los participantes, y bebida a discrección.

Lo que no progresó, es que unas pocas habíamos  metido la bici de carretera en el coche, con la intención de hacer unos kilómetros tras la natación (aprovechar eso de sesión doble); la bici se quedó cogiendo calorcito, porque hacia muuuuuuuucho calor para echarse a la carretera: no todo va a ser machacarse, que también hay que disfrutar: he de confesar, que es muy tentador además alegrarse la pestaña con los cuerpazos de los nadadores, cualquiera se pierde su llegada... Dejo una pequeña muestra para que os animéis a la próxima!
En resumen, una experiencia totalmente recomendable.

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