viernes, 7 de agosto de 2015

Cerrando el 2º reto de la temporada: Half Vitoria-Gasteiz

La previa.
La semana Vitoria-1 (así se contabiliza la semana en la que acontece la competición) comenzó con la incómoda (pero inevitable) emoción de pérdida que un@ siente cuando alguien (compañero de trabajo) que aprecias decide elegir un camino divergente. El poner el foco en el tapering (puesta a punto en la semana de competición), no elimina la melancolía, pero sí ayuda a normalizarla (aunque siga acompañándome en la chepa).
Hasta hace 1 semana (Vitoria-2), no había decidido 100% si acudir a la línea de salida de este triatlón Vitoria-Gasteiz, del que compañeros del FST  hablaban maravillas. Nieves (trimorochita), una compañera incorporada este año al club, despejó la incógnita, al decidirse a acompañarme. Este club, no sólo es un lugar donde ir a entrenar triatlón; puedes encontrar gente así de especial, dispuesta a renunciar a planes personales, por ayudar en lo que haga falta.
La semana en Madrid ha sido abrasadora; muy difícil conciliar el sueño (arrastrando casi 3 semanas de descansar regular…) y sacarse los últimos entrenos de puesta a punto. Por ello el martes pruebo a encajar de forma diferente los horarios, y salgo con la bici a las 7a.m convencida de que por la tarde los cuarentaytantos grados harán insoportable realizar las últimas series de pedaladas. Y para la carrera a pie, no queda otra opción razonable, que hacerla en cinta, cobijandome del abrasador sol, con aire acondicionado.
Partimos el viernes a mediodía, con la ilusión de completar mi segundo media distancia de esta temporada, el reto que mentalmente me parecía difícil de alcanzar el año pasado (es la mente, siempre nos engaña, como cuando Andreu nos intenta convencer que no nos vamos a ahogar practicando apneas).
Nieves ha estado muy pendiente de preguntarme durante la semana qué tal mis ánimos: BIEN!, no adelanto nervios (esto es todo un super avance en mí), pero sí ganas.

Hace 2 semanas (justo en la semana del Skoda short en Casa de Campo, donde rebajé 10 minutos mi marca en la misma prueba respecto al año pasado) le pregunté al míster (avalada con el resumen de mi hoja excel donde apunto detalladamente mis entrenos, los realizados desde Calella) que cómo me veía en cuanto a preparación. Yo sabía que algo corta de bici; Su respuesta: “Vas corta en todo”, ja ja, y mi argumentación posterior sobre el significado de Vitoria en este momento del año para mí (al margen del reto deportivo) fue la nota definitiva para decidirme a acudir (también animada por otro compañero del club, con circunstancias personales parecidas, entendiendo la liberación y catalizador que encontramos en el triatlón). Especialmente este año, demostrarme a mí misma que puedo acometer los retos que me propongo en lo que depende de mi esfuerzo (tanto entrenando, como gestionando en comisión tripartita el club), es lo que más me está ayudando a mantener la mente templada (ya se me enturbiará esa percepción de “I can” durante las rutinarias semanas del año).
Desembarcamos los trastos en el hotel de Vitoria (ciertamente, este deporte no es el más cómodo para viajar) y comprobamos con sumo gusto que la temperatura es aliviantemente agradable, unos 25ºC: por fin dormiré sin sudar.
Parte del rito
Buscamos un italiano para cenar, reservando nuestro turno.  La ciudad está plagada de gente rara, vestida con una singular indumentaria deportiva, con pinta de fuertotes y un tanto chala@s…. (¿serán triatletas?) que sin duda quieren completar la habitual carga de hidratos. Hacemos un poco de tiempo con un paseíto para localizar la plaza de la Virgen Blanca, donde el sábado recogeré el dorsal (hoy no llegamos a tiempo). Cometo la pardillada del fin de semana, estrenar naúticos… yo que llevo a rajatabla la máxima de no estrenar NADA el día de competición...me hago una fantástica ampolla en el talón derecho en apenas 20 min de paseo.
No pasa nada, no quiero programarme con que eso me va a hacer cambiar mi pisada durante los 21km que me esperan de carrera. Con 1 compeed (y dejando otro de repuesto en la transición)  espero no me moleste.

Atentas en la charla técnica.
El sábado se consume volatilizándose entre los preparativos necesarios pre-competición: acudir a la charla técnica, dejar la bolsas en las dos diferentes transiciones; es la única pega, por ponerle alguna, que tiene este triatlón; la bici hay que dejarla durmiendo en Landa (a unos 20Km de Vitoria), a cambio de nadar en un precioso lago allí.
Ruedo 45 minutos en bici acompañada de Tania (valiente que viene a afrontar su primer ironman) y viendo el viento que hace algo más que arrullarnos, decido (no sé si cobarde o prudentemente) cambiar la rueda delantera a perfil de 35mm, en lugar de la de más competir de 60mm que esperaba poder disfrutar en esta prueba.
Aprovechando el consejo de Suso (aquí, se saca un poco de sabiduría de un montón de aportaciones) dejo la bici cubierta con un par de bolsas de basura, para que duerma arropadita y protegerla de la humedad de la noche, y del chirimiri con el que comienza el domingo.
5:30 a.m del domingo 12 julio, cojo uno de los autobuses que la organización pone a disposición de los triatletas para llegar a Landa. Está completamente nublado (se agradecerá para correr) y fresquito (unos 13-14º). En cada puerta de bus, hay voluntarios deseando suerte y luciendo con una generosa sonrisa, lo cual es un gesto delicadamente precioso que les agradecezco explícitamente.
Ya sentada en el bus, viendo cómo los limpiaparabrisas comienzan a activarse, recibo un whatsApp de Mauro (como dice Txema, que tb ha venido a Vitoria a estrenarse en full, qué gran tipo eres Mauro!) para mandarme confianza. Confianza que se suma también a la del mensaje del míster, que leí nada más levantarme sigilosamente para no incomodar demasiado a mi compañera de habitación: “Yoli, compite sin miedos, estás fuerte”. Estoy confiadamente reconfortaba con mi convicción en ello también (yo, que normalmente soy la que más dudo de mí misma, sigo trabajando en desterrar ese limitante hábito). Las últimas 8 semanas no han sido de entrenos tan duros como los pre-Calella, pero tampoco me he descuidado en exceso, y el programa personalizado de fuerza específica que he seguido con Jaime Gil, me ha dado un puntito más de calidad (mejora del 10% en fuerza-velocidad, con un trabajo de 6 semanas).
Son algo menos de las 6 a.m.; con la capucha de la sudadera puesta para evitar la sutil lluvia, bomba de bici en mano, mochila con el neopreno en la espalda, y acompañada de unas decenas de triatletas, desfilamos en peculiar, silenciosa y ligeramente tensa procesión a oscuras camino hacia los bóxer.
Tras los últimos preparativos (aburridos para lectores), a destacar pasar 3 veces por el baño, ja ja antes de enfundarme el neopreno, una mini paranoia que tengo pensando que se me está desinflando la rueda delantera de la bici (la compruebo hasta 3 veces sucesivas) y encontrarme con Txema, un poco serio imagino por los nervios pre, queda la última espera en la alfombra que lleva a la mini-playa de piedritas frente al Lago.
Pato al agua.

Por encima de todo, vengo a Vitoria a disfrutar: también disfrutar de la sensación de libertad que aporta nadar en aguas abiertas, eso sí, una vez pasados los primeros 200 metros de golpes  y de no encontrar espacio para sacar los brazos. Video salida.
Decidí no quedarme tan atrás como otras veces, y la idea era nadar al lado de Tania, pero la pierdo en cuanto recibo el primer codazo en la nariz (ya le advertí que nado muy lenta). El agua está excelente, temperatura de 21,7º y neopreno permitido. Sólo me inquieta en cierta medida que los casi 2000 chicos, salen después de nosotras al agua, y me alcanzarán en algún momento. Voy bien hasta la 1ª y 2ª boyas, situadas en 700 m y 1200 m. Puesto que la niebla y nubes lo cubrían todo al amanecer, elegí gafas de nadar claras, pero por suerte polarizadas. A mitad de trayecto voy viendo que está despejando el día y ya se deja ver  mucho cielo azul. Los últimos 400-500m se me antojan algo más largos, creo que por cómo sopla el viento cuesta un poco nadar hacia la orilla (y claro, mi fatiga); eso y comenzar a sentir la presencia de cientos gorros azules a mi alrededor (llegaron los chicos a mi altura).
Bajándome el neopreno hasta la cintura dentro del agua, empiezo la primera transición: tengo que reducir drásticamente los 15’ de Calella (el listón está fácil) o el míster me echa a los perros con razón. Volví a decidir pedalear con maillot (pero no manguitos). Por suerte elegí gafas de sol fotocromáticas y no me molestará el inesperado sol que luce, como a bastantes triatletas que veo con cristales transparentes. Me aplico de nuevo protector solar (no me puedo permitir el lujo de quemarme, y aquí os recomiendo a todos que nunca olvidéis aplicaos protector solar en todas las salidas al aire libre; nacemos con un número finito de melanocitos que gastamos, y cada vez hay más casos de movidas chungas de piel) y corro primero por el césped y luego por la alfombra azul hacia el punto donde montamos en la bici.
En ese pequeño trayecto me grita ánimos Edu (el “becario” -y lo digo con todo el cariño- que nos acompaña este año en algunos entrenamientos) que viene a acompañar a su padre valiente ironman, y que ha estado super pendiente de ofrecerme cualquier ayuda durante el viaje, un encanto!. Comparto ese pasillo de transición con decenas de triatletas chicos que van lógicamente sin contemplaciones, y yo dando zancadas delicadas (por no describirme como pisando huevos, como efectivamente se me ve en el vídeo) para evitar o cargarme las piernas de más, o tener algún percance con las calas (verdad Buti?). En la línea de montaje, algunos compañeros experimentan lo que suele pasar cuando no se tiene destreza suficiente para montar con las zapatillas colocadas en los pedales: gastar más tiempo que ahorrarlo.
A pedalear
Empiezo a pedalear, me coloco prudentemente a la derecha; muchos chicos con sus cabras, ruedas lenticulares y musculosos cuerpos van ya dándole al molinillo de sus bielas como si se acabase el mundo. Pienso que esto no es un sprint, que quedan muchos kilómetros por delante (94.3 exactamente). Mi estrategia es que quiero apretar (también ha sido la recomendación de Cristóbal; “dale caña en la bici, Yolanda, y luego dale caña en la carrera, que te he visto bien las últimas salidas”) pero siempre guardándome piernas para la carrera. Voy acoplada el 75% del recorrido en bici.
Gracias a Imanol Mujika (desconocido fotógrafo) por los fotones que hizo en el segmento de bici
Intento ir viendo conscientemente el paisaje, pero concentrada en el ritual: metódicamente tomando cíclicamente gel-isotónico-agua y gominolas. Sigo con mi habitual línea de dar ánimos y energía a todos los que adelanto, unas 30 chicas y pierdo la cuenta de chicos. En la 2ª vuelta (son 2 para half, y 3 para full) expreso mi admiración a los portadores de dorsal rojo (los del full) con un “ánimo, valientes”. El 90% de los animad@s, tras una primera mirada de cierto  asombro me devuelven la energía con sonrisas o alguna palabra más. El viento se aprecia algo más ahora, lejos de insoportable, pero sí moderadamente incómodo. Ya estoy pensando en la llegada al centro de Vitoria y visualizando la segunda transición.
Pasillo previo a la T2
Mola que un voluntario te coja la bici y seguir corriendo hacia la carpa donde me cambio de camiseta, zapatillas y pongo un poco más de protector solar. Segundo error de ayer, olvidé dejar el cinturón con los 5 geles que me acompañarán en la carrera en la bolsa de correr, así que tengo que traspasarlos ahora desde el maillot. El pasillo de público animando por el centro de Vitoria es sublimemente espectacular; entre la multitud, escucho los vítores de Nieves, que es portadora de mi cámara de fotos para captar por ráfagas los momentos. Resumiendo, T2 de casi 7 minutos, incluido paso por el baño; esto no lo puedo evitar ni entrenando, mucho líquido tomado en la bici.
La carrera a pie
Agradeciendo la foto a Nieves, y tirando un poco de Millán.
El día ha quedado totalmente soleado, unos 22-23º: ahora llega el momento de disfrutar cada zancada de carrera, mi segmento más fuerte. Compruebo cómo los tres primeros kilómetros y supongo que bastante influenciada por los cálidos gritos de los vitorianos, los hago a un ritmo en torno a 4’50’’. Vale, con cabeza, tengo que ir moderadamente más suave, que no dejan de ser otros 18 km por delante. Llevo una buena postura y sensaciones, de nuevo adelantando a muchos compañeros y fijándome sin poder remediarlo en cuántas mujeres. Corro bastantes kilómetros al lado de un tal Millán (los trajes de triatlón, nos desvelan la identidad, a no ser que la confunda con el nombre del club, ja ja) que me dice: “Qué buen ritmo llevas, estarás en las top 10 mujeres”. Evidentemente, no acierta su ojo clínico, al terminar compruebo con la clasificación que fue un halago de más, seguramente involuntario. De nuevo, por uno de los paseos en sombra (el mismo en el que corrí en 2009 la Carrera de la Mujer, aquella vez celebrando la superación de un cáncer de mama de una veterana corredora) me chilla Nieves y dispara la cámara, hay que sonreir!. 
El paso por el pleno meollo del casco viejo es sinónimo de sentir que el público vitoriano me lleva en volandas. La organización ha colocado mini piscinas para refrescarnos, hecho que aprovecho en cuando salgo del ferviente cogollo de animación. Sigo corriendo un poco más con Millán (antes íbamos una grupeta de 4), hasta que le debe pasar alguna circunstancia que le hace quedarse atrás (lástima, pienso). Estoy en la 2º vuelta del circuito a pie y ahora conozco todos los puntos, avituallamientos, ligeras elevaciones, etc.  En torno al km 17 bebo el último gel para el empujoncito final, y recordando de nuevo las palabras de Cristóbal (“Yolanda, dale caña”) en el gim, sobre el km 19 incremento un poco el ritmo (siempre guardándome una bala en la recámara).

El desenlace, la explosión.

 Otra vez en pleno centro vitoriano, ya sin sombra, los gritos y ánimos alcanzan cotas difícilmente superable en otras localizaciones: “Aupa, neska” me dicen decenas de veces.
Sobre adoquines, entre las vallas que contienen a los espectadores tamborileadas por ellos mismos, y tras unas cuantas palmadas a niños animadores (recordando el veraz trasvase de energía que describía Mauro en su Behobia), comienzo a sentir que esto se acaba, y me hago consciente (aquí viene aplicar mindfulness) de saborear en plenitud los últimos 200 metros de alfombra azul. 
Un giro de 180º a derechas, y previo a atravesar el arco de meta en la mismísima plaza central del Ayuntamiento, fuerzas suficientes para el sprint final (como a mí me gusta terminar, no andando) e incluso para un enérgico salto de “Ou Yeah”, poco después de besar mi alianza.
Volando en meta
Fotografíada otra vez entre la muchedumbre por Nieves (se ha pegado unas buenas carreritas de acá para allá para posicionarse lo mejor posible), es el momento de agolparse una ebullición de emoción (en parte embriagada quizá en parte  por los geles, ja ja, y sin duda por las endorfinas) y un puñado de personas que imaginariamente se personifican pasando por mi mente acompañándome en la llegada.
Encantada con mi medalla de finisher.
Conclusión.  
Al cumplir los 2 retos principales que esbocé en Septiembre de 2014 (cuando dudaba la oportunidad de adquirir la Orbea Ordu; “donde voy yo con tanta cabra...”) y que vislumbraba no como inabordables, pero significativamente costosos (pensando en ellos con un “madre mía”), salgo humildemente reforzada.
Las cifras:
Swim (me salieron 2120m) en 45’ 19’’. Posicion 96
T1 7’ 42’’
Bike (95 km) en 3h 06’ 05’’, media de 30.6 kmh. Posición 38
T2 = 6’ 56’’
Run (21km) en 1h 42’ 57’’, media de 5 min/km. Posición 19
Total 5h 49’, puesto 16 (de 32) en mi GGEE y puesto 47 (de 111) femenino.

Aunque después de 2 semanas de vacaciones (en las que escribo esta crónica) de no estar parada, pero sí de no entrenar, el seguir una rutina de entrenamiento constante a lo largo del año (y acumulada entre años) sirve para enseñar mucha más humildad. Si bien como filosofía general lo de construir la mejor versión de uno mismo está bien, no se puede estar incrementalmente siempre mejorando el rendimiento. Un mini parón, y hay que volver a construir de nuevo, y hay que aceptar que un@ pasa entre cansado y reventado todo el año para ir cogiendo mejor forma, y en muy poquito el cuerpo se adapta mejor a un poco más de sofá y cervecitas. Con lo cual, a la vuelta un@ vuelve a sentir cansancio, pero quedándose más atrás en la pista, en la calle 1 de la piscina, y pedaleando. Mejor no comparar! ; dicen que sólo con un@ mismo, y precisamente hablo de que puede resultar poco gratificante el contínuamente compararse con un@ mismo en una semana diferente del año, o inter-temporadas. Sentir y aceptar el cómo se está en cada día, y trabajar sí, pero sin juzgar sólo los resultados que dice el frío crono.
Créditos.
En Vitoria se puede disfrutar de una fantástica prueba de triatlón, sin ser franquicia Ironman o Challenge, a precio algo más moderado y transmitiendo un querer hacer las cosas con cariño y gusto; repetiré en 2016 (augura una edición bien teñida de rosa, ya hemos reservado 32 plazas!).
Para que podáis ver 2 minutos resumen de esta edición (aún se me pone la carne de gallina): Vitoria 2015
 
El santo esposo se merece mi agradecimiento otra vez por lo fácil que me pone preparar el camino a estas pequeñas aventuras/locuras, por las horas de entrenamiento que empleo, donde indudablemente se sufre más que en la propia competición.
Al mejor club (pink power!) que se me antoja se puede pertenecer, Fitness Sports Triatlón, donde decenas de compañeros me han ayudado a confiar más en mis capacidades y han aportado una u otra cosa, un aprender pequeñas perlas de unos y otros.
Y esta vez, claro, a trimorochita que ha sido una acompañante de cámara volcada y complaciente: GRACIAS!

Un pedacito de la meta (pese a no compartir el entendimiento de por qué correr para competir) lo dedico también a la nueva carrera y reto vital (que no deportivo) que emprende Fanciber; habrá que buscar alguna excusa o prueba por tierras gallegas para ir poniéndonos al día.

8 comentarios:

  1. No escribes nada mal para tener esa cabezota de ingeniera jajaja. Enhorabuena Yoli por la prueba y la crónica. Bsss

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    1. Gracias, míster; un halago tuyo sabe triple. Hay buena parte tuya responsable del camino. Cuando quieras, publicamos algo junt@s. 😚

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  2. Enhorabuena yoli!!! Gran carrera y gran crónica!!! Esta claro que los esfuerzos hechos durante el año se ven recompensados en las carreras y tu te has esforzado muchísimo!!!

    Congrarts otra vez!!

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  3. Muchas felicidades super Yoli!! buena crónica! y qué fotazas!!! me ha encantado tu reflexiones finales ... no se puede estar incrementalmente siempre mejorando el rendimiento es cierto, y creo que cuando lo asumimos las mejoras vienen sin darnos cuenta.
    Ahora toca coger fuerza para empezar de nuevo :)
    Por cierto, aunque hayas hecho el half, me dio tranquilidad que una compi estuviera en línea de salida también :)
    bss
    Tania

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  4. Aupa Neska!!! Chapeau Super Yoli!!!, 😘Jud

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  5. Aupa Neska!!! Chapeau Super Yoli!!!, 😘Jud

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  6. Qué buena Yoli! Tardé en leerla, pero la dejé bien pendiente. Muy buena crónica. Eres un buen espejo en el qeu mirarse. :)

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