sábado, 23 de mayo de 2015

La guinda de un pastel cocinado a fuego lento - Ironman 70.3 Calella


Quiero encontrar las palabras justas para describir las sensaciones y emociones del camino a Ironman 70.3 Calella 2015 y de la increíble llegada a meta; quiero volcar en palabras el columpio de sube-bajas que he vivido estos últimos 7 meses y medio, desde que en octubre de 2014 me inscribí decidida a vivir la experiencia de la marca Ironman (envidiosa de lo que contaba nuestro presi Nacho del año pasado), con este triatlón de media distancia en Barcelona.

Sin embargo, me encuentro un tanto descolocada, con cierta sensación de “y ahora qué…”, ese vacío del que hablan, tipo post-maratón. Tan sólo han pasado 6 días desde el brutal subidón de adrenalina acontecido el domingo 17 de mayo en torno a las 14:00 de la tarde, cuando rompí a llorar cual bebé con el brazo derecho en alto en los últimos 50 metros de alfombra roja y negra coronada por el arco de meta.
Mi rutina estos 7 meses y medio ha consistido en compaginar trabajo, convivir con una nueva “amiguita” en casa que llegó sin invitarla y sin avisar, denominada púrpura trombocitopenia ideopática (PTI para los amigos) en la persona de mi santo esposo (consistente en un nivel de plaquetas por debajo de lo normal -de origen desconocido-, con el consiguiente riesgo de hemorragias), y encajar robando de aquí y allá una organización de mochilas y trastos deportivos  varios cada día de la semana.



El orden del triatleta.
Quien me conoce sabe que soy doña organización, estilo germano (quizá por eso me confunden en los hoteles de vacaciones con alemana, o será por el aspecto?), doña hiper-controladora (aunque lo estoy dejando); la vida te enseña que no se puede tener todo “under-control” y que merece la pena sentir cada momento.
Especialmente, en las últimas 4 semanas podía haber pasado cualquier cosa: se perfilaba un nuevo tratamiento que va a coincidir juuusto durante el mes de mayo; la anulación del fin de semana a Alicante y Fuenteálamo (triatlón sprint que pretendía servir de ensayo de transiciones pre-Calella); la prohibición por parte de la hematóloga (esa especialidad que no habíamos conocido hasta ahora) a que mi santo esposo viajara, a 10 días de la prueba; cambios sucesivos en los días y número de personas de mi reserva de hotel en Calella (esbozada desde diciembre); y el redoble de tambores hasta el mismo jueves día 14 sobre si yo misma podría y debería viajar hacia Calella; con la consiguiente intriga e interés entre mis querid@s compañer@s del club rosa, a los que agradezco estar pendientes.
Por fortuna, la flexibilidad de mi compañero Mauro, y esperanzadoras noticias en la última analítica (vivir pendiente de una cifra en un análisis quincenal/semanal, no mola, pero a todo se acostumbra un@) hacen posible que viaje road2Calella en la mañana del viernes de San Isidro: 700 km de conducción a compartir con Mauro (sóla hubiera sido un palizón),  acompañados del pandeo del cierzo (sí, otra vez ese cierzo que nos taladró la cabeza a finales de febrero en el duatlón por equipos en Sena) en  nuestras 2 bicis en el techo del coche y de la compañía de Pao y Daniela (supporters amiga y prima de Mauro) y música latina de Cali.

Recogiendo dorsal.
Llegamos a Calella para comer casi a hora de merienda: pizzería al canto (seguimos con la carga de hidratos que comenzó el jueves). Pretendemos reconocer un trozo del circuito de bici, rodando como 1 horita (siguiendo escrupulosamente las indicaciones del míster): Juas, la subida en coche al primer puerto de Collsacreu nos deja los ojos un poco como platos. Sabemos que acumularemos un desnivel positivo de unos 1300m en los 90 km del recorrido en bici, pero un@ no se hace a la idea de las rampas  hasta que está en ellas. 
Belén (otra compañera del club, ejecutiva y madre de 4 hijos, pero sobre todo triatleta como la define su hijo ante sus amigos) me dice: “Yolanda, con lo sensata que eres (esta fama …) no me creo que te vayas a machacar las piernas subiendo un trozo del puerto ahora”. Hacemos unos 45 min, recorriendo tan sólo 17 km y me molesta un poco mi pierna izquierda (las molestias los días anteriores son típicas, confío en que el domingo habrá otras sensaciones).
Colocando 2200 bicis.
El sábado se pasa sin apenas momento para disfrutar. Un poquito de natación a las 8:30 para probar el mar (uuuuf, que malas sensaciones!), recoger dorsal, activación de carrera de 20min, preparar todos los trastos, comer hidratos, llevar la bici al box y las bolsas a la carpa (esta gente de Ironman sí que sabe organizar todo al milímetro!), una vueltita por la feria y cenar (a hora tempranita, 19:30) más hidratos que me salen por las orejas. A las 21:00 a la habitación, a meterse al sobre, media hora de meditación con alguna selección de canciones, y a intentar dormir lo mejor posible.
El despertador está puesto (en redundancia) a las 4:05 a.m, para empezar a desayunar a las 4:30 a.m. En el momento que te levantas siempre viene el pensamiento: Qué demonios hago aquí (al cual estoy reeducando con el contra-pensamiento que argumentaba Enhamed: "Porque se puede...")
No necesito enfrentar la primera “mini” crisis del día: anoche dejé mi comida (3 botes de bebidas con geles) al hotel para congelarlos y tenerlos a una temperatura fresquita, y pido recogerlos en el desayuno; oh, oh, me dicen que no los encuentran… oh, oh. A la 3ª, la camarera me alivia explicando que los tenían en el congelador del bar de recepción, en lugar de en la cocina. Desayuno solo 3 tostadas con un te y un par de galletas y mini bocado de membrillo (nada de cereales ni fruta, para no llevar fibra).


El traje de la primera faena.
Mauro y Pao pasan a buscarme al hotel:  abrazos y sonrisas para relajar, y yo ya me llevo puesto el neopreno durante el paseo de unos 15 min del hotel a la salida. A veces, me paso de organizada y también se paga: tengo que hacer una 2ª visita al baño y tiro la gracia de haberme enfundado el traje de nadar con sumo cuidado, guantes, etc en la habitación del hotel.
Inflamos las ruedas de las bicis (las hemos desinflado la tarde anterior, para evitar riesgo de que puedan reventar al estar expuestas al sol), recojo las últimas cosa a la bolsa de “recuperación”, la que la organización llevará justo a la meta (sigue estando todo milimétricamente organizado) y ya se ha echado el tiempo encima: me dirijo al agua a calentar unos 10 min. A las 6:45 hay que abandonar el agua, ya que a las 7:00 comienza la salida de los élite, y luego iremos el resto siguiendo formato rolling swim, que significa que salgas progresivamente en el tiempo que estimes nadar (vamos, como en las carreras, que te coloques en tu nivel).
Obviamente, me voy hacia el final (tiempo estimado de 45 min), viendo que por esas lindes, también hay algunas decenas de hombres que se consideran malos nadadores. Algunas caras tensas en los minutos previos a acometer la natación; hay un grupo de chicos y chicas que parecen con rasgos árabes (me pregunto de dónde son, porque ahora no llevamos los dorsales, donde viene la bandera, nacionalidad y nombre de cada uno; luego creo descubrir durante la bici y carrera que son de Egipto). Hay música de la organización, algun@s aprovechamos a bailar para destensarnos. Converso algunas palabras con alguna de las mujeres que se encuentra por mi área, una alemana, 2 irlandesas (a una le hace gracia mis uñas de los pies pintadas de rosa-fuxia, mismo color que la equipación FST)….todas su primera vez en Calella. Nos sonreimos de nuevo para aliviar tensión y nos deseamos suerte. Vamos caminando en cola tipo aeropuerto hacia la orilla del mar.
Empieza el día reto Calella (mi día!), este half especial por varias razones, también porque lo he convertido en reto solidario con la finalidad de construir un pozo en el Chad, simplemente haciendo de catalizadora (pico pala, pico pala, publicitándolo cada semana en algunas redes sociales, en el trabajo, en mi vecindario e incluso una incursión en la radio) con la ONG Deporte y Arte Solidario. Visualizar las sonrisas de  unas decenas de niñ@s sin tener que caminar kms a conseguir agua, me ha servido para hacer más llevaderos muchos madrugones para estar pedaleando o en la piscina a las 7:15 de la mañana y luego doblar sesión por la tarde/noche. Gracias de nuevo desde aquí a los que habéis aportado vuestro granito de arena al proyecto: otra muestra de que cuando el 6 de Enero creé el objetivo de recaudar 1500€ y lo creía inalcanzable, me equivocaba (siempre es la mente la que nos engaña en lo que podemos o no podemos hacer).
Mi reto solidario: un pozo en El Chad.
Nada más entrar al mar e intentar dar las primeras brazadas compruebo que me entra agua en uno de los ojos; serenidad, me coloco boca arriba (de frente a los triatletas que siguen entrando en el agua por detrás de mí) y la recoloco. No es el día para agobiarse, es mi día!.
Al rato de enlazar brazadas algo me extraña, voy casi en paralelo con los nadadores que ya vuelven por mi izquierda de dar la vuelta más allá de los 1000 metros de natación; efectivamente, una barca me indica que no estoy en las boyas adecuadas, ja ja. Tengo que escorarme mucho más a la derecha, no pasa nada, seguir nadando, seguir nadando, que ya llegaré. En la siguiente boya hay un giro a la izquierda, se coincide con algun@s nadadores más, busco hueco lo suficientemente espaciado. Sigo nadando (ritmo cochambrero, pero siempre hay gente por detrás), sigo nadando (las palabra que me dedica mi esposo, recordando la película Nemo). Ahora el sol da de frente y es algo más difícil tener controlada la siguiente boya. Veo cercana la última boya que indica que quedan 300 m para salir del agua y el arco de salida; no se me ha hecho tan largo, si bien el crono dice otra cosa (51’); no importa, salgo tranquila del agua para evitar mareos.
Después de un super rulo por el Mediterráneo.
Enseguida hay decenas de voluntarios ofreciendo agua para enjuagar la boca (seguimos con la excelente organización). Mientras he aprovechado para bajar la parte de arriba del neopreno. Entro a la carpa (que lujo!, hasta bancos tenemos para realizar el cambio de ropa) y me lo tomo con calma.  
Me podria inventar una razón un poco más glamurosa para mis compañeros de FST que han estado siguiendo el tracking por la web, y que luego me dicen “pensábamos que te había pasado algo….más de 15 min en la T1...”. Simplemente que tenía tiritona de frío al salir del agua, me sequé tranquilamente, incluído lavar la arena gorda pegada en los pies, vaselina a tutiplen, protector solar a tutiplen, me abrigué (quizá demasiado) para la bici, incluyendo maillot, manguitos y chalequito fino (el viernes en el reconocimiento de parte del recorrido vimos que habia muchísima sombra). A mi lado hay otra  triatleta que está resoplando tras el agua, y también se lo toma con calma. Me pregunta si hará frío y me dice que le “encanta mi rosa”, a lo que contesto agradecida que es la equipación de mi excelente club FST. En la carpa apena queda nadie, estoy acostumbrada a hacer la transición a la bici de las últimas.
Carpa de transiciones.
Sigo recordándome que NO es día para agobios, que quedan bastantes horas por delante en bici.
Me encuentro con mi orbea ordu, y arriba! Hay unos 3 km de ratoneo por calles de Calella hasta que se enlaza con el circuito en sí. A una chica que va justo delante en la bici, se le descuelga el portabidones, que inoportuno!
Ahora a ocuparse de disfrutar del recorrido pedaleando y de ir comiendo y bebiendo, cada 5-10 min buchito de mi bote con geles, y de premio cada otros minutos gominola.
Brilla un día radiante, aprovecho los primeros 10km hasta que comienza la subida para acoplarme. Ya voy pasando a algunos ciclistas.
Comenzando a pedalear.
Empieza la subida, es cuestión de (como dice el presi Nacho) ser hormiguita. Juum, pero hormiguita sigo pasando a bastantes triatletas. Puesto que llevamos el dorsal con nombre y nacionalidad visible en la parte trasera, a tod@s los que adelanto les doy ánimos con alegría: “Come on”, “enjoy the landscape”, “its a beautiful day”, “take it easy”, “the top is there so close…” “just keep moving forward”, incluso algún “Viel Glück” a los alemanes. Primero en general se sorprenden, pero en el 99% de casos devuelven agradecidos al menos con una sonrisa, lo cual me llena de energía. Alguno me dice que “tú vas muy fresca, no?” o “ya has estado aquí antes”, a lo que contesto que no, pero que somos realmente privilegiados en el entorno de atravesar parques naturales con la bici. Un español me dice, “vaya piernas” (le agradezco el cumplido), y que se queda con mi número de dorsal para luego tomar una cerveza, ja ja.
Parece un Eurovisión extendido: muchísimo inglés, bastantes nórdicos, luego franceses, algún italian@, chilenos, argentinos, americanos, egipcios, incluso australianos (tela venirse desde Australia para hacer la prueba!). También voy pensando orgullosa pero humilde que ningun@ de estos (muchos parecen armarios de 2x2) entrena con Andreu, y que los FST estamos muy bien preparados. Sobre el km 20, una vez coronado el primer puerto Collsacreu me cruzo con los élite que ya vuelven (para ellos es casi el km 70 de bici), Jan Frodeno va el primero; grito fuerte para animar a Eneko Llanos. Se siguen sucediendo los kms y ni idea a la velocidad a la que voy porque mi Garmin parece haberse quedado en modo “natación” toda la carrera, ja ja, mira, otro relax, sólo voy viendo tiempo corrido. La subida a Montseny se me antoja más sencilla de lo que esperaba, y la cumbre está antes de lo que yo pensaba(un espectador me da la alegria de que “venga, que sólo quedan 6 km”). Toca bajar por unas curvas bastante técnicas que están bien señalizadas por la organización: concentración y tranquilidad, vamos en fila algunos ciclistas.
Al acabar el tramo de curvas, es idóneo para volver a acoplarse, compruebo que en cuanto lo hago, adelanto a otros triatletas con facilidad, pura física de la aerodinámica. Llega el tramo más feo del recorrido, por una carretera en la que nos han colocado conos y vamos en sentido contrario a los coches, da un poco de miedito pensar en poder despistarse...pero enseguida pasa, supongo que son unos kms de relleno. Vuelta a subir Collsacreu por la cara opuesta, ya conozco las rampas porque lo hicimos el viernes (realmente hay sólo 2 ó 3 curvas bastante empinadas). He ido dándole los buenos días a cada policía, voluntario y personal de protección civil que hacen posible un evento como este, con su trabajo.
Camino a lal T2, toca correr!
Sobre el km 80 me adelanto a tomar el vial de magnesio (para evitar calambres en la carrera); mis lumbares están cargaditas (por decir algo) y vamos a ver cómo se toman la carrera a pie. Los últimos 10km de bici son para disfrute total, acoplada, soltando un poco las piernas, viendo el mar (un mar azul, diferente al de Levante) y pensando en disfrutar la carrera a pie.
Segunda transición, esta más rápida (ja ja, hacía falta poco) que la T1, cambio maillot por camiseta de tirantes, cambio las gafas de sol, y me pongo gorrita y cinturón con los 4 geles (2 de ellos con cafeína) que me distribuiré durante la carrera. Giro el dorsal hacia delante, y a salir de la carpa. Enseguida me ve Pao (la amiga de Mauro), pero yo tengo que hacer parada técnica en el baño, no hay más remedio después de 3h42’ de beber en la bici...y me quedan casi otras 2h de correr.
Día de sonreir!
El circuito de carrera tiene un tramo en sombra, lo cual se agradece muchísimo, pero hay que darle 2 vueltas. En la zona de Pineda de Mar se hace algo más duro porque no hay público, da bastante solana y es un poco feo. No importa, hoy se disfruta de cada zancada!. No me molesta la espalda, ni mi rodilla izquierda, y no tengo ni idea a la velocidad que corro (creo que se me ve con digna zancada), pero sigo pasando a bastantes corredores y walking deads, a los que sigo animando; algunos con gesto de dolor, muchos con pose de arrastrarse (pienso, sí que tiene mérito seguir sufriendo en esas circunstancias).
Una señora del público, que ha visto mi bandera de España en la camiseta, me ha gritado con muchísima energía “tú si que vales” en las 4 veces que me crucé delante de ella. He chocado las manos de algun@s niñ@s que estaban en los laterales. Escucho el grito de mis compañeros FST que han entrado lógicamente en meta hace un rato.
Después de las siguientes y frías cifras que resuman las 32 semanas de preparación, pero que no describen en absoluto la cantidad de pensamientos y sensaciones vividas

TOTALES
396.52
63.92
156.2
90.53
36.3
105.71
2555.5
101.48

Horas
Horas Fuerza
Km Swim
Horas Swim
Horas Ciclo
Horas Bici
Km Bici
Horas Run

me autoregalo el saborear intensamente la guinda final del pastel, más dulce que los 13 geles y 8 gominolas que me tomo durante el recorrido (no he entrenado concienzudamente para tener ahora una pájara): la entrada en meta.
Dulcísimo momento.
Veo el giro final (el mismo que he pasado 2 veces con anterioridad), incremento un poco la velocidad, cruzo la pasarela hacia la izquierda y piso la alfombra roja y negra, escucho que la organización canta mi nombre. Me hago consciente de que todo largo camino tiene su final, todo llega y todo pasa,  echando de menos un abrazo conocido al cruzar el arco de meta.




El tiempo 6h 44’ 39’’ poco importa, si bien está en línea de lo que imaginaba (sabía que no bajaría de las 6 horas y media). Sé que será la alegría de decenas de compañer@s del club, que han estado pendientes hasta el último día de si yo podría ir o no, y que sé que se alegran de corazón: GRACIAS!
Mauro, Yoli y Agus.
Enseguida me encuentro con Mauro y Elespe, y a saborear el subidón. Los 8 FST que vinimos a Calella, los 8 hemos acabado satisfactoriamente (ole por el cuerpo técnico y líder entrenador Andreu).
Pasada esta semana post-Calella, hay que asimilar cierto bajón emocional y físico. El bienestar basado en el logro es bien efímero, y como escribí un par de semanas antes (auto-mentalización por si no podía viajar a Calella), el poner todas las expectativas en dicho logro, es una hipoteca fatal.  
La semana que viene me pongo manos a la obra de nuevo, camino a otro medio-ironmen,  en Vitoria (12 Julio), con algunas pruebas intermedias para mantener la motivación (Ecotrimad 13 junio, short en la CdC 28 Junio) y con la esperanza, otra vez, de poder ir acompañada del santo esposo (quién lo sabe aún...), día a día, paso a paso (aprendiendo a vivir en esa filosofía).

La mismísima cara de la Felicidad.
Agradecimiento especial a mis amigas del alma Estefanía y Begoña (que han estado pendientes durante todo el recorrido) y comprenden mi “locura-triatlética”, a mi compañero de tantos kms Mauro (y su optimismo ilusorio, del que me viene bien empaparme), al gran míster Andreu Alfonso (que al final nos va a convertir en triatletas de bien) y a mis padres que (si bien su afán sería más que yo “descanse”) son los originadores de lo que soy.  También a mis compañeros de la Junta Directiva, Nacho y Buti, hacemos un buen trabajo en equipo. Y cómo no, a mi santo esposo, que me pone fácil disfrutar de mi camino triatlético y de los caminos que decida emprender: te quiero.


5 comentarios:

  1. Fui testigo de tu disciplina y amor por este deporte.. Felicitaciones Yoli!

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  2. Ha sido todo un honor compartir entreno, sufrimiento, disfrute, empeño, cansancio, charla, reflexiones y sobre todo la compañía!
    Gracias por haberme convencido de hacer esta prueba!

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    1. No hizo falta mucho trabajo de persuasión. Gracias a tí por todo eso y por ponerme el punto de optimismo a mi realismo a veces abrumador.

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  3. Has conseguido un reto increíble. Tanto lo has vivido, que ahora te parece normal, y que viene por añadidura, como resultado de tu entrenamiento. Olvida todo eso por un instante, y mira desde lejos lo dificil que es conseguirlo.
    El valor de tu reto conseguido, multiplica muchas veces, lo que tu crees que vale. Mis más sinceras felicitaciones.

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