Soy Yolanda, organizada, constante, segura y positiva.
Disfruto del deporte con salud, energía y compartiendo los pequeños detalles
del día a día con mi esposo y amigos.
Soy triatleta popular y termino mi primer
triatlón de media distancia el 22 de Junio de 2014 en Manzanares el Real, con confianza y
disfrutando de cada brazada, pedalada y zancada.
Más que la típica crónica donde relato los kilómetros, las sensaciones, las transiciones y demás, quiero enfocar esta de un modo diferente: qué pensamientos y emociones he tenido que gestionar.
Antes de ello, un pequeño recorrido histórico de mis andanzas deportivas:
A los 32 años, hice mi primera Carrera de la Mujer, 5K. En los "entrenamientos", no era capaz de aguantar 5 minutos seguidos corriendo; pero sobre todo, mi cabeza me decía: "Uff, no aguantaré los 5 km..."
En el 2010 participé en mi primer triatlón de la mujer (300 m de natación, 8km de bici y 2 de carrera a pie): sufrí un ataque de ansiedad en el agua, pensaba no poder superar los 300 metros, creí que me tendría que sacar la barca de los bomberos y terminé con una estupenda contractura en el trapecio que me duró una semana.
Hoy, con 42 tacos, he terminado el primer triatlón de media distancia (un poco corto, eso sí, cosas de la organización...): 1900m de natación, 80 km de bici y 18 km de carrera a pie. La temporada pasada, no me creía capaz de terminar un olímpico, con bastante ansiedad aún en afrontar la parte de natación en aguas abiertas (mar).
Las creencias juegan un papel determinante en la percepción que tenemos de nuestro mundo, nuestras capacidades, y en lo que nos condicionan a hacer o dejar de hacer.
Creo que fue por finales de enero, principios de febrero de este año, cuando un jueves en la pista (en esa que tanto frío pasamos) me dió por preguntarle a mi entrenador: ¿crees que yo (que me creo mindundi tri-aficionada, en este club de pedazo de gente y pedazo de triatletas) podría terminar un medio-ironman? Uff, no dudó un segundo y contestó: "Con los ojos cerrados". Pero claro, da igual lo que crean otras personas, si uno mism@ no se cree las cosas. El único que puede darse seguridad es uno mismo. Y la seguridad, por supuesto, se construye apoyada en trabajo. Aquella afirmación externa, despertó una chispita en mi interior: la curiosidad de ponerme a prueba e intentarlo. Tendría que ponerme las pilas en bici, claro, pero también en actitud y entrenamiendo mental.
Así que ha sido un mes de marzo (tras un invierno que nos había dejado tocar muy poco los pedales) de empezar a acumular todos los kilómetros en bici que se pudieran muchos de ellos en compañía de Alberto, gracias!), de levantarse a las 6:00 para llegar a alguna que otra clase de ciclo antes de trabajar; un mes de abril idem; el mes de la fatiga por excelencia ha sido mayo, y el de la puesta a punto junio. No os voy a aburrir con las sensaciones físicas ni los números de kilómetros y horas dedicadas.
Coincidiendo con estos meses (para tener un poquito más de carga de trabajo), he tenido la fortuna de llevar a cabo mis prácticas de coaching, con un par de compañer@s del club: también me creía "incapaz" (sí, es una de las características que me venía de serie... pero contra la que se puede luchar), insegura, en arenas movedizas... Todo en esta vida hay que afrontarlo paso a paso; nadie nace aprendido, ni aquellas personas a las que ves desarrollar su actividad (sea de trabajo, de ocio, personal) con excelencia. Son excelentes porque sienten pasión por algo, y por supuesto, lo trabajan muchísimo, y dan pequeños pasos de movimiento, no porque fueran excelentes en la línea de salida. Lo afrontaba con ilusión e inquietud (o sea, como todo, gestión emocional); pero también como oportunidad de crecer con ellos, de aprender de su trabajo personal y sus experiencias.
Pensamientos de mi diálogo interno (ese que hay que acallar, otra herramienta de coaching) que me han aflorado estos meses, y que he tenido que gestionar-restructurar:
- Versión de lo que diría mi madre: "Que necesidad tienes de levantarte los fines de semana también a las 7:00 para meterte unos 90-100 km de bici". Contestatión que daría el gran Enhamed: "Porque se puede!"
- Sí, estoy reventada...pero la vida del triatleta es así. Nadie me obliga. Cansada pero satisfecha.
- ¿Que tocan 4 x 3Km de series en la pista de 400m ....eso son 30 vueltas! Estás loca?
- "Soy una mala nadadora y siempre lo seré" (creencia limitante de libro!). Bueno, tendré que hacer algo para cambiarlo, pero desesperándome (como hacía el año pasado) en cada clase de natación me ayudo bien poco...más paciencia, y ya buscaré otros recursos (al menos mis sensaciones, que no mis tiempos, han cambiado).
- "Me molesta otra vez la rodilla/pierna izquierda". Fisio con asiduidad (los médicos ya están consultados), y ser constante con el trabajo de fuerza; pero sobre todo, aceptar esa molestia en mi pensamiento, en lugar de luchar contra ella. Tengo la fortuna de tener 2 piernas, si una se me adormece un poco de vez en cuando, es porque está ahí, viva.
- ¿Seré capaz de aguantar los 21 km de carrera (que ya me cuesta normalmente "sólo" una media-maratón) tras bajarme de la bici? Pues sí, se puede, es cuestión de trocearlos mentalmente y focalizar en cada paso (gran consejo también de Andreu y Enhamed), siempre un paso más adelante.
- Y un laaaaargo etcetera, especialmente cada jueves en la pista: llegaba pensando no poder completar el entreno...la técnica de no anticipar, y pensar en la presente serie, siempre me ha llevado a completarlos (también he practicado durante tantas vueltas a la pista, la visualización, visualizarme entrando por el arco de meta en Manzanares).
El viernes, 2º día de DESCANSO TOTAL (yujuuuuuuu), aprovecho para entregar 2 trabajos de mi master, toma descanso mental... pero como son temas de gestión para el mejor rendimiento posible, me vienen genial. Sábado, activación matutina, y seguir trabajando la confianza, porque he entrenado bien, he trabajado lo que mejor que he podido lo que dependía de mí: la organización de Astromad, cambia el recorrido en bici, ja ja, y nos meten por el carril: mi mente me "imaginaba" arrollada por los pros...Restructura, Yolanda: no depende de tí el cambio de recorrido, así que ya verás cómo es cuando estés allí, y a ir con precaución, que no miedo.
Y, para ser más enriquecedor también ha habido, un par de mini-crisis hoy, ya en competición. Antes de eso, tengo que decir que NO he sentido angustia, ni ansiedad ante la natación (BIEN!); lógicamente, sí me levanté con cierto "gusanito en el estómago", pero ni de lejos los nervios que tanta energía nos roban de otras veces. El factor diferenciador? He nadado muuuuuuuuchos metros toda esta temporada, hemos hecho bastantes ejercicios de natación en grupo, nado con neopreno (lo cual da seguridad), pero sobre todo ha sido pensar: "Si siento algún momento de agobio, lo aceptaré, estiraré la brazada en esos momentos, y seguiré respirando y soplando burbujas profundamente, pensando sólo en la siguiente brazada". Lo que queríais leer, a ver qué bobada de crisis: cuando faltaban unos 400/500 m de natación, el gemelo derecho, y luego el izquierdo (envidioso) me han hecho un amago de subírseme; mi primer instinto de pensamiento: "Noooooooo, ahora no, que me viene fatal, ja ja". Pero los gemelos no saben de momentos, ni de conveniencia. Mi forma de afrontarlo: Bueno, me pongo un momento boca arriba, estiro el gemelo agarrándome el pie, sigo pensando en mirar el bonito Castillo de Manzanares mientras doy las bocanadas de respiración, e intento NO decirle que "no" a mi gemelo; simplemente he dejado de dar batida de pies y colocado los pies un poco en flexión (sí, más ancla, lo sé).
El segundo mini-momento de crisis: cuando estoy en la 2ª vuelta (de 4) de la carrera a pie, "Oh, cielos, el fantasma del flato se me aparece". ¿Será lo que he comido y bebido? Qué maaaaaaaaaas da lo que sea, está aquí, y ya está; la gran sabiduría de Andreu al rescate: "No hay crisis que no se supere aflojando el ritmo"; así que aprieto el costado derecho, respiro más consciente y profundamente que nunca, y si toca ir a 6'30'', pues a 6'30'', sólo una zancada más. Por fortuna, ha funcionado, la 3ª y 4ª vuelta he podido volver a incrementar el ritmo.
Y SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII, SE PUEDE llegar a meta disfrutando, disfrutando de un día estupendísimo que ha hecho (nada de calor en la bici, y por fortuna también se ha nublado bastante para la carrera a pie), de un bonito entorno, de la compañía de mi santo esposo que tiene más paciencia que el santo Job, de los gritos de ánimo de Andreu (que ha venido al recorrido en bici -también me he cruzado a Norberto, gracias tb por tus ánimos!),de mis amigas que han venido a apoyar al final, y de llevar en cada brazada, cada pedalada y cada zancada un poquito de tod@s los que me acompañáis por la vida (y por el triatlón, que sois un@s cuantos), y me ayudáis a ser mejor.
GRACIIIIIIIIIIIIIIAS!
Y con el subidón de órdago que tengo, me voy a ceeeeeeeenar y a intentar dormir y seguir acallando diálogos, porque el éxito, también hay que gestionarlo: no soy mejor persona (ni hubiera sido peor) que ayer por haber conseguido el reto. Sólo ha sido un día más de vivir experiencias.
Y si queréis conocer en primera persona otras herramientas para ayudarnos a pensar de mejor modo, os invito a una sesión de coaching. Vamoooooooooooos.
Muchassss felicidadessss Yolanda!!!! me ha encantado la crónica, porque no describes en sí la carrera sino el auto coaching que te has montado!! espectacular!!! en serio!!! así es la mejor forma de afrontar las cosas, quitándole tablas e intentar disfrutar y a la vez buscando alternativas, plan A, B ... C!
ResponderEliminarOye me interesa esas sesiones de coaching!
bss
Tania
Enhorabuena Yoli!!!
ResponderEliminarEsta crónica me ha inspirado aún más en mi reto de la media distancia!
Así que en Guadalajara espero estar a la altura y escribir una crónica de ello.
Abrazos y besos!!